Practicar lentitud en la sociedad del cansancio

...

Después de muchos años de interés, finalmente empecé a practicar taichi. Llevo apenas tres clases, así que no puedo hablar de cambios ni de transformaciones. Pero lo que sí siento en esta etapa es una intencionalidad.


Byung-Chul Han, en La sociedad del cansancio, describe una época en la que dejamos de vivir en la lógica del “no debes”, y pasamos a la del “puedes”: podemos rendir más, hacer más, optimizarnos, reinventarnos. Y en ese exceso de positividad nos agotamos. No es un cansancio por falta de posibilidades, sino por exceso de ellas.


En el material que compartió en el curso, quien será mi maestro de taichi escribe: “Vivimos en una era secuestrada por la velocidad. La narrativa moderna equipara la rapidez con la eficiencia y la ocupación constante con el éxito”. También él entiende que la lentitud es “el primer paso ineludible para el cambio de conducta”, que sin desaceleración no hay observación y sin observación no hay consciencia.


Byung-Chul Han describe una sociedad del rendimiento que produce sujetos exhaustos, incapaces de detenerse. Nos muestra cómo el exceso de rendimiento nos vuelve nuestros propios explotadores. Desde otro lugar, el texto sobre el fundamento del taichi habla de apostar por “la profundidad sobre la extensión”: no se trata de hacer más movimientos, sino de habitar uno solo con atención.
Ya no recuerdo desde cuándo he habitado la enfermedad de nuestra época: la velocidad, la exigencia, la necesidad de hacer siempre un poco más. Quizás el taichi pueda convertirse, para mí, en un gesto de resistencia.


Quizás el verdadero antídoto contra la sociedad del cansancio no sea hacer menos cosas, sino hacerlas de otra manera: más lento, más profundo, más consciente.